Bebés
Una vez estábamos haciendo una sesión de fotografía para un adorable bebé de seis meses. Todo parecía ir bien, la iluminación era perfecta, el fondo era ideal y el bebé estaba sonriendo y haciendo monadas. Pero de repente, el pequeño decidió que estaba aburrido de posar y decidió que quería explorar el estudio.
Empezó gateando hacia la cámara, intentando agarrarla y mordisqueando el objetivo. Nos pareció muy gracioso y le dejamos hacer su travesura mientras seguimos fotografiando.
Pero la cosa se puso aún más divertida cuando el bebé descubrió nuestros pies. Empezó a gatear hacia nosotros y a jugar con nuestros zapatos. Fue como si estuviera descubriendo un tesoro escondido. Nos reíamos mientras intentábamos esquivarlo y seguir fotografiando al mismo tiempo.
Finalmente, conseguimos distraer al bebé con un juguete y logramos terminar la sesión de fotos. Al ver las fotos después, nos dimos cuenta de que las imágenes más divertidas y espontáneas eran precisamente aquellas en las que el bebé estaba jugando con nosotros.
Aprendimos una lección valiosa: a veces, las mejores fotos surgen de la espontaneidad y la diversión en lugar de tratar de controlar cada detalle de la sesión. Y, por supuesto, también aprendimos a mantener nuestros zapatos alejados de los bebés curiosos durante las sesiones de fotos.
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