Bebés

marzo 12, 2023

Una vez estábamos haciendo una sesión de fotografía para un adorable bebé de seis meses. Todo parecía ir bien, la iluminación era perfecta, el fondo era ideal y el bebé estaba sonriendo y haciendo monadas. Pero de repente, el pequeño decidió que estaba aburrido de posar y decidió que quería explorar el estudio.

Empezó gateando hacia la cámara, intentando agarrarla y mordisqueando el objetivo. Nos pareció muy gracioso y le dejamos hacer su travesura mientras seguimos fotografiando.

Pero la cosa se puso aún más divertida cuando el bebé descubrió nuestros pies. Empezó a gatear hacia nosotros y a jugar con nuestros zapatos. Fue como si estuviera descubriendo un tesoro escondido. Nos reíamos mientras intentábamos esquivarlo y seguir fotografiando al mismo tiempo.

Finalmente, conseguimos distraer al bebé con un juguete y logramos terminar la sesión de fotos. Al ver las fotos después, nos dimos cuenta de que las imágenes más divertidas y espontáneas eran precisamente aquellas en las que el bebé estaba jugando con nosotros.

Aprendimos una lección valiosa: a veces, las mejores fotos surgen de la espontaneidad y la diversión en lugar de tratar de controlar cada detalle de la sesión. Y, por supuesto, también aprendimos a mantener nuestros zapatos alejados de los bebés curiosos durante las sesiones de fotos.

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